Un plan de continuidad de las comunicaciones de 90 días para las empresas de suministro de agua
Cuando una empresa de suministro de agua aísla su tecnología operativa durante un ciberataque, el mero hecho de aislarla no garantiza la resiliencia. Un plan práctico de 90 días establece tres elementos de forma secuencial: un sistema de alertas fiable que sustituya a la cadena de llamadas manual, un canal de coordinación «fuera de banda» independiente de la red aislada y dispositivos gestionados para el pequeño grupo encargado de la respuesta.
3 de septiembre de 2026
·Blog
·Comunicaciones seguras
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Cuando una empresa de suministro de agua desconecta su tecnología operativa durante un incidente cibernético, el objetivo es garantizar la continuidad. Las bombas deben seguir funcionando. Los operadores deben seguir coordinando los turnos. Las autoridades reguladoras deben seguir recibiendo información actualizada. Las comunidades deben seguir disponiendo de agua potable.
Las recientes directrices de la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras (CISA) y de socios internacionales dejan claro el requisito técnico. Los operadores de infraestructuras críticas deben estar preparados para aislar la tecnología operativa vital y desconectar los sistemas de otras redes durante una interrupción o una crisis. Los ataques contra los sistemas de agua y aguas residuales han demostrado por qué. Los atacantes que se centraron en controladores lógicos programables conectados a Internet provocaron la pérdida de la supervisión, la pérdida de control, avisos de hervir el agua y, en algunos casos, operaciones manuales prolongadas.
Ve el seminario web bajo demanda: Lo que CI Fortify no dice sobre las comunicaciones
El aislamiento por sí solo no hace que una organización sea resiliente. Una empresa de servicios públicos que pueda desconectar su red pero que no pueda ponerse en contacto con su personal, coordinar los turnos, confirmar las notificaciones, informar a los organismos públicos o documentar su respuesta ha sustituido un modo de fallo por otro. El plan de comunicación debe considerarse parte integrante del plan de aislamiento, y no un elemento secundario.
Un nuevo aviso de la CISA ofrece nuevas recomendaciones sobre cómo mantener las comunicaciones mientras los sistemas están inoperativos. Todos los países que gestionan sistemas de abastecimiento de agua, redes eléctricas, redes de transporte e industria manufacturera mediante infraestructuras de tecnología operativa (OT) se enfrentan al mismo dilema: si se aísla un sistema comprometido, la infraestructura de comunicaciones que se basa en la misma red deja de funcionar con él. Los operadores fuera de EE. UU. deberían considerar este aviso no tanto como un documento de cumplimiento normativo, sino más bien como un indicio temprano de la dirección que probablemente tomarán sus propios organismos reguladores.
En este plan de 90 días,cada fase de 30 días subsana una carencia concreta y el orden en que se llevan a cabo es importante. No se puede coordinar una respuesta hasta que se consiga contactar con el personal, y no se puede confiar en un canal de coordinación que pase por la misma infraestructura que se acaba de cortar.
Días 1 a 30: Sustituir el árbol de llamadas manual
Los primeros 30 días deben centrarse en la cobertura. Muchas empresas de servicios públicos siguen dependiendo de cadenas de llamadas manuales que funcionan en condiciones normales, pero fallan bajo presión, especialmente por la noche, durante condiciones meteorológicas adversas o cuando el personal ya está al límite de sus capacidades. «La cadena de llamadas manual falla a las dos o tres de la madrugada», afirma Ramón Pinero, vicepresidente y director general de BlackBerry AtHoc. Es precisamente en esos momentos cuando una empresa de suministro de agua menos puede permitirse una interrupción en las comunicaciones.
Empieza por crear un proceso de alertas que permita llegar a los empleados, contratistas, socios de ayuda mutua y partes interesadas externas a través de múltiples canales. Una misma alerta debería enviarse simultáneamente a teléfonos, correo electrónico y aplicaciones móviles, de modo que nadie dependa de un canal que, por casualidad, esté fuera de servicio.
El alcance es solo la mitad de los requisitos. El proceso debe confirmar quién recibió la alerta, quién la acusó de recibo y quién está disponible para responder. Durante una investigación o un análisis posterior a la intervención, ese registro se convierte en prueba. Una empresa de servicios públicos que pueda demostrar exactamente a quién se contactó y cuándo respondió podrá justificar sus acciones cuando los organismos reguladores y el público planteen preguntas.
Días 31 a 60: Establecer un canal de coordinación fuera de banda
Una vez que el sistema de alertas esté en funcionamiento, la siguiente prioridad es la coordinación. Los responsables, los operadores, los jefes de operaciones y los socios del sector público necesitan una forma fiable de comunicarse cuando los sistemas de la empresa, la conexión a Internet o las redes de los operadores se vean afectados o no sean fiables.
La prueba es sencilla. «¿Podrá nuestro equipo seguir coordinándose internamente y con la administración regional y la CISA una vez que se corte la red?», pregunta Pinero. «Si la respuesta sincera es que no estamos seguros, entonces esa es la brecha que hay que subsanar». La incertidumbre es la señal para actuar antes de que se produzca un incidente, no durante el mismo.
Este canal debe estar disponible y haberse probado antes de que se produzca un incidente. No debe depender de que la misma infraestructura quede aislada. El canal debe permitir la comunicación segura por voz, la mensajería y la coordinación de situaciones entre las personas responsables de mantener en funcionamiento los servicios esenciales. Esto implica un cifrado de extremo a extremo para las conversaciones y la transmisión de mensajes que se mantenga incluso cuando las redes públicas estén saturadas.
Días 61 a 90: Gestión de los dispositivos críticos para la respuesta
Durante el último mes, identifica el reducido conjunto de dispositivos que utilizarán los responsables de la respuesta, los operadores y los coordinadores de emergencias durante un incidente de aislamiento. Incorpora esos dispositivos al sistema de gestión. Valida los controles de identidad, acceso, cifrado y actualización.
«Un canal de respaldo en un portátil comprometido no es, sencillamente, un canal de respaldo», afirma Pinero. El canal de confianza y el dispositivo de confianza deben ir de la mano, ya que si uno de ellos se ve comprometido, se socava la confianza en el otro.
El objetivo no es crear un nuevo programa de seguridad a gran escala, sino garantizar que el reducido grupo de personas encargadas de la respuesta utilice dispositivos y canales fiables cuando el resto del entorno sea incierto. Para la mayoría de las empresas de servicios públicos, se trata de un número manejable de dispositivos y de un objetivo realista de 30 días.
Prueba el plan antes de que sea necesario
Para el día 90, la empresa de servicios públicos debería ser capaz de llevar a cabo un simulacro práctico. Aislar los sistemas pertinentes. Notificar a los equipos de respuesta. Coordinar las operaciones manuales. Informar a los socios externos. A continuación, elaborar un registro en el que conste a quién se contactó, a través de qué canal, cuándo se acusó recibo y qué medidas se tomaron a continuación.
Esas pruebas no son meros trámites burocráticos. Son la demostración de que la organización puede seguir funcionando cuando la red ya no es un lugar seguro para coordinarse. Un simulacro también saca a la luz las lagunas que un plan sobre el papel oculta: el contratista cuyo número ha cambiado, el canal de coordinación que nadie ha utilizado en seis meses, el dispositivo que nunca recibió su última actualización.
Para las empresas de suministro de agua, esa es la verdadera medida de la resiliencia. No se trata de si se puede desconectar la red, sino de si el personal es capaz de coordinarse para garantizar la seguridad del agua una vez que se haya hecho.
Introducción
La estructura de 90 días funciona porque subsana las deficiencias en el orden de importancia: primero, el alcance; segundo, la coordinación; y tercero, la confianza en los dispositivos. Una empresa de servicios públicos no tiene por qué resolverlo todo de una vez. Lo que debe saber es que, cuando la red deja de ser fiable, las personas encargadas de la respuesta puedan seguir localizándose entre sí, comunicarse de forma segura y rendir cuentas de sus acciones.
Para las empresas de servicios públicos, la prioridad no es añadir más complejidad, sino garantizar que se pueda contactar con las personas adecuadas, que estas puedan coordinarse de forma segura y que puedan rendir cuentas de sus acciones cuando los sistemas habituales no estén disponibles o no sean fiables. BlackBerry respalda ese objetivo con capacidades de comunicación segura diseñadas para entornos de alto riesgo, entre las que se incluyen alertas multicanal, coordinación fuera de banda, protección de identidad validada y certificaciones como FIPS, Criterios Comunes y FedRAMP Clase D (Alta).
Empieza hoy mismo con esta única pregunta: si esta noche aislaras tu tecnología operativa, ¿podría tu equipo seguir coordinando la respuesta por la mañana? La respuesta te indicará por dónde debes empezar en estos 90 días.
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3 de septiembre de 2026
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·Comunicaciones seguras
%3Aquality(100)&w=3840&q=75)
Cuando una empresa de suministro de agua desconecta su tecnología operativa durante un incidente cibernético, el objetivo es garantizar la continuidad. Las bombas deben seguir funcionando. Los operadores deben seguir coordinando los turnos. Las autoridades reguladoras deben seguir recibiendo información actualizada. Las comunidades deben seguir disponiendo de agua potable.
Las recientes directrices de la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras (CISA) y de socios internacionales dejan claro el requisito técnico. Los operadores de infraestructuras críticas deben estar preparados para aislar la tecnología operativa vital y desconectar los sistemas de otras redes durante una interrupción o una crisis. Los ataques contra los sistemas de agua y aguas residuales han demostrado por qué. Los atacantes que se centraron en controladores lógicos programables conectados a Internet provocaron la pérdida de la supervisión, la pérdida de control, avisos de hervir el agua y, en algunos casos, operaciones manuales prolongadas.
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El aislamiento por sí solo no hace que una organización sea resiliente. Una empresa de servicios públicos que pueda desconectar su red pero que no pueda ponerse en contacto con su personal, coordinar los turnos, confirmar las notificaciones, informar a los organismos públicos o documentar su respuesta ha sustituido un modo de fallo por otro. El plan de comunicación debe considerarse parte integrante del plan de aislamiento, y no un elemento secundario.
Un nuevo aviso de la CISA ofrece nuevas recomendaciones sobre cómo mantener las comunicaciones mientras los sistemas están inoperativos. Todos los países que gestionan sistemas de abastecimiento de agua, redes eléctricas, redes de transporte e industria manufacturera mediante infraestructuras de tecnología operativa (OT) se enfrentan al mismo dilema: si se aísla un sistema comprometido, la infraestructura de comunicaciones que se basa en la misma red deja de funcionar con él. Los operadores fuera de EE. UU. deberían considerar este aviso no tanto como un documento de cumplimiento normativo, sino más bien como un indicio temprano de la dirección que probablemente tomarán sus propios organismos reguladores.
En este plan de 90 días,cada fase de 30 días subsana una carencia concreta y el orden en que se llevan a cabo es importante. No se puede coordinar una respuesta hasta que se consiga contactar con el personal, y no se puede confiar en un canal de coordinación que pase por la misma infraestructura que se acaba de cortar.
Días 1 a 30: Sustituir el árbol de llamadas manual
Los primeros 30 días deben centrarse en la cobertura. Muchas empresas de servicios públicos siguen dependiendo de cadenas de llamadas manuales que funcionan en condiciones normales, pero fallan bajo presión, especialmente por la noche, durante condiciones meteorológicas adversas o cuando el personal ya está al límite de sus capacidades. «La cadena de llamadas manual falla a las dos o tres de la madrugada», afirma Ramón Pinero, vicepresidente y director general de BlackBerry AtHoc. Es precisamente en esos momentos cuando una empresa de suministro de agua menos puede permitirse una interrupción en las comunicaciones.
Empieza por crear un proceso de alertas que permita llegar a los empleados, contratistas, socios de ayuda mutua y partes interesadas externas a través de múltiples canales. Una misma alerta debería enviarse simultáneamente a teléfonos, correo electrónico y aplicaciones móviles, de modo que nadie dependa de un canal que, por casualidad, esté fuera de servicio.
El alcance es solo la mitad de los requisitos. El proceso debe confirmar quién recibió la alerta, quién la acusó de recibo y quién está disponible para responder. Durante una investigación o un análisis posterior a la intervención, ese registro se convierte en prueba. Una empresa de servicios públicos que pueda demostrar exactamente a quién se contactó y cuándo respondió podrá justificar sus acciones cuando los organismos reguladores y el público planteen preguntas.
Días 31 a 60: Establecer un canal de coordinación fuera de banda
Una vez que el sistema de alertas esté en funcionamiento, la siguiente prioridad es la coordinación. Los responsables, los operadores, los jefes de operaciones y los socios del sector público necesitan una forma fiable de comunicarse cuando los sistemas de la empresa, la conexión a Internet o las redes de los operadores se vean afectados o no sean fiables.
La prueba es sencilla. «¿Podrá nuestro equipo seguir coordinándose internamente y con la administración regional y la CISA una vez que se corte la red?», pregunta Pinero. «Si la respuesta sincera es que no estamos seguros, entonces esa es la brecha que hay que subsanar». La incertidumbre es la señal para actuar antes de que se produzca un incidente, no durante el mismo.
Este canal debe estar disponible y haberse probado antes de que se produzca un incidente. No debe depender de que la misma infraestructura quede aislada. El canal debe permitir la comunicación segura por voz, la mensajería y la coordinación de situaciones entre las personas responsables de mantener en funcionamiento los servicios esenciales. Esto implica un cifrado de extremo a extremo para las conversaciones y la transmisión de mensajes que se mantenga incluso cuando las redes públicas estén saturadas.
Días 61 a 90: Gestión de los dispositivos críticos para la respuesta
Durante el último mes, identifica el reducido conjunto de dispositivos que utilizarán los responsables de la respuesta, los operadores y los coordinadores de emergencias durante un incidente de aislamiento. Incorpora esos dispositivos al sistema de gestión. Valida los controles de identidad, acceso, cifrado y actualización.
«Un canal de respaldo en un portátil comprometido no es, sencillamente, un canal de respaldo», afirma Pinero. El canal de confianza y el dispositivo de confianza deben ir de la mano, ya que si uno de ellos se ve comprometido, se socava la confianza en el otro.
El objetivo no es crear un nuevo programa de seguridad a gran escala, sino garantizar que el reducido grupo de personas encargadas de la respuesta utilice dispositivos y canales fiables cuando el resto del entorno sea incierto. Para la mayoría de las empresas de servicios públicos, se trata de un número manejable de dispositivos y de un objetivo realista de 30 días.
Prueba el plan antes de que sea necesario
Para el día 90, la empresa de servicios públicos debería ser capaz de llevar a cabo un simulacro práctico. Aislar los sistemas pertinentes. Notificar a los equipos de respuesta. Coordinar las operaciones manuales. Informar a los socios externos. A continuación, elaborar un registro en el que conste a quién se contactó, a través de qué canal, cuándo se acusó recibo y qué medidas se tomaron a continuación.
Esas pruebas no son meros trámites burocráticos. Son la demostración de que la organización puede seguir funcionando cuando la red ya no es un lugar seguro para coordinarse. Un simulacro también saca a la luz las lagunas que un plan sobre el papel oculta: el contratista cuyo número ha cambiado, el canal de coordinación que nadie ha utilizado en seis meses, el dispositivo que nunca recibió su última actualización.
Para las empresas de suministro de agua, esa es la verdadera medida de la resiliencia. No se trata de si se puede desconectar la red, sino de si el personal es capaz de coordinarse para garantizar la seguridad del agua una vez que se haya hecho.
Introducción
La estructura de 90 días funciona porque subsana las deficiencias en el orden de importancia: primero, el alcance; segundo, la coordinación; y tercero, la confianza en los dispositivos. Una empresa de servicios públicos no tiene por qué resolverlo todo de una vez. Lo que debe saber es que, cuando la red deja de ser fiable, las personas encargadas de la respuesta puedan seguir localizándose entre sí, comunicarse de forma segura y rendir cuentas de sus acciones.
Para las empresas de servicios públicos, la prioridad no es añadir más complejidad, sino garantizar que se pueda contactar con las personas adecuadas, que estas puedan coordinarse de forma segura y que puedan rendir cuentas de sus acciones cuando los sistemas habituales no estén disponibles o no sean fiables. BlackBerry respalda ese objetivo con capacidades de comunicación segura diseñadas para entornos de alto riesgo, entre las que se incluyen alertas multicanal, coordinación fuera de banda, protección de identidad validada y certificaciones como FIPS, Criterios Comunes y FedRAMP Clase D (Alta).
Empieza hoy mismo con esta única pregunta: si esta noche aislaras tu tecnología operativa, ¿podría tu equipo seguir coordinando la respuesta por la mañana? La respuesta te indicará por dónde debes empezar en estos 90 días.
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