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La tecnología de Wildfire avanza. ¿Podrán las organizaciones actuar con la suficiente rapidez a partir de esta información?

Las alertas tempranas solo son útiles cuando los equipos coordinan una respuesta rápida y decisiva.

19 de octubre de 2026

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Comunicaciones seguras

La tecnología de detección de incendios forestales está avanzando. La inteligencia artificial, los drones, los modelos predictivos, la vigilancia por satélite y un intercambio de datos más rápido pueden ayudar a los organismos a identificar las amenazas con mayor antelación y a planificar las evacuaciones con mayor precisión. Pero la alerta temprana solo tiene sentido si las organizaciones son capaces de convertir esa información en una acción coordinada. El reto principal es el mismo en todas las regiones: llegar a las personas adecuadas, coordinarlas y movilizarlas antes de que cambien las condiciones.

Las últimas temporadas de incendios demuestran por qué se trata de una prioridad operativa a nivel internacional. En la temporada de incendios de 2019-2020 arrasó más de 21 millones de hectáreas de bosque. Canadá vivió en 2023 la temporada más destructiva de su historia, con 17,6 millones de hectáreas quemadas. El sur de Europa se enfrentó a una presión similar, con más de 500 000 hectáreas quemadas en 2023. Solo el solo el incendio de Alexandroupolis, en Grecia, arrasó más de 96 000 hectáreas. Aunque los paisajes y los métodos de notificación difieren, el reto operativo es el mismo: convertir la información temprana en una acción coordinada antes de que un incendio de rápida propagación desborde los sistemas de respuesta.

El mero hecho de contar con mejores sensores y modelos no garantiza automáticamente mejores resultados. Una detección más temprana abre una ventana de oportunidad. La comunicación determina si las organizaciones pueden aprovecharla.

Cada minuto cuenta en la respuesta ante los incendios forestales

Las emergencias recientes ponen de manifiesto la rapidez con la que los incendios pueden desbordar la coordinación manual. La temporada de 2023 en Canadá obligó a unas 232 000 personas a evacuar durante 282 incidentes, según Statistics Canada. En el sur de Europa, el incendio de Alexandrúpoli de 2023 se convirtió en el mayor incendio forestal registrado en Europa, mientras que los incendios del «Verano Negro» de Australia traspasaron las fronteras jurisdiccionales y ejercieron una presión constante sobre los servicios de emergencia, las empresas de servicios públicos, las redes de transporte, los proveedores de asistencia sanitaria y las autoridades locales.

Los sucesos de esta magnitud no esperan a que se pongan en marcha las cadenas de llamadas, las cadenas de correos electrónicos o las listas de contacto manuales. Las decisiones sobre la respuesta suelen implicar a varias organizaciones a la vez: autoridades nacionales y locales, cuerpos de bomberos, empresas de servicios públicos, operadores de transporte, colegios, sistemas sanitarios y socios del sector privado. Cada grupo necesita información oportuna, pero no siempre la misma información ni a través del mismo canal.

En ese contexto, la demora se convierte en un riesgo. Una empresa de servicios públicos que se entere demasiado tarde de que un frente de fuego avanza puede perder la oportunidad de proteger un corredor de transmisión. Un hospital que reciba instrucciones de evacuación poco claras puede retrasar una decisión difícil. Un equipo de campo que no reciba una actualización puede acercarse al peligro en lugar de alejarse de él. La información debe llegar inmediatamente a las personas adecuadas, estén donde estén, a través de un dispositivo al que puedan acceder.

La tecnología de detección de incendios forestales resuelve la mitad del problema

Los gobiernos y los servicios de emergencia están invirtiendo en una detección más temprana, una cartografía mejorada y un intercambio de información más eficaz. La inteligencia artificial puede ayudar a identificar los focos de incendio antes. Los drones pueden facilitar la cartografía del perímetro y la evaluación de los daños. Los modelos predictivos pueden estimar la propagación en función del viento, el terreno y las condiciones del combustible. Los datos satelitales y los sistemas operativos compartidos pueden ayudar a las organizaciones a coordinarse con un mejor conocimiento de la situación.

Los incendios forestales afectan cada vez más a las infraestructuras críticas, entre las que se incluyen las redes energéticas, los sistemas de abastecimiento de agua, los corredores de transporte, las telecomunicaciones, los servicios sanitarios y las operaciones de seguridad pública. Por ello, una respuesta eficaz no depende únicamente de los servicios de emergencia, sino que requiere una actuación coordinada entre las organizaciones tanto del sector público como del privado.

Estas herramientas pueden proporcionar información valiosa. Sin embargo, por sí solas, no indican al jefe de bomberos qué equipos debe movilizar, ni alertan a la sala de control de una empresa de servicios públicos, ni avisan a un distrito escolar, ni se ponen en contacto con los residentes de una zona amenazada por una evacuación.

Esa es la carencia operativa que los responsables deben abordar. La cuestión no es solo qué sistema de detección adquirir, sino si la organización está preparada para actuar en función de la información que dicho sistema proporciona:

  • ¿Cómo se comunican las decisiones de evacuación a los residentes afectados y a través de cuántos canales?

  • ¿Cómo se avisa al personal de campo cuando cambian las condiciones durante el turno?

  • ¿Cómo se avisa a los operadores de infraestructuras, incluidas las empresas eléctricas y los sistemas de abastecimiento de agua, cuando un incendio amenaza sus instalaciones?

  • ¿Cómo se mantiene informados a los directivos y a los responsables de la toma de decisiones a medida que la situación evoluciona a lo largo de horas o días?

  • ¿Cómo se coordinan varios organismos, que a menudo carecen de un sistema de comunicación común, cuando las circunstancias cambian rápidamente?

Si la respuesta sigue dependiendo de una llamada telefónica, un correo electrónico o de que una persona reenvíe manualmente una alerta, es posible que la organización haya mejorado la detección sin mejorar la respuesta.

La respuesta ante los incendios forestales es, en esencia, un reto de comunicación

Una vez detectado un incendio, el reto cambia. La prioridad pasa a ser transmitir información contrastada entre equipos, organismos, operadores de infraestructuras y comunidades afectadas con la rapidez suficiente para facilitar la toma de decisiones en situaciones de presión.

Esto va más allá de la notificación masiva tradicional. Un incendio forestal puede requerir un mensaje para un operario de línea, otro para un centro de operaciones de una empresa de servicios públicos, otro para un director de escuela y otro para un organismo de gestión de emergencias, todo ello en cuestión de minutos . Las alertas generales tienen su función, pero la comunicación específica es lo que convierte la advertencia en una acción coordinada.

La resiliencia operativa depende de la transmisión de información sin depender de un único canal frágil, un centro de atención telefónica desbordado o una sola persona encargada de transmitir las actualizaciones. BlackBerry® AtHoc® facilita esta coordinación al integrar las alertas, la rendición de cuentas del personal y la comunicación bidireccional en un único flujo de trabajo. El objetivo es claro: garantizar que la información procedente de los sistemas de detección llegue a las personas que deben actuar, en el formato y a través del canal que más probablemente utilicen.

Preparación para la próxima temporada de incendios forestales

Las agencias y organizaciones deben abordar la modernización de la gestión de los incendios forestales como un reto de ejecución. La inversión en detección, modelización, cartografía y coordinación interinstitucional solo puede mejorar la preparación si va acompañada de flujos de trabajo de comunicación que se adapten a la velocidad a la que se desarrollan los incidentes. No se puede esperar a que el próximo gran incendio ponga de manifiesto las deficiencias en la circulación de la información.

  • Conecta los sistemas de detección a los flujos de trabajo de notificación. Una alerta de detección de incendios que requiera ser transmitida manualmente a un centro de operaciones ya ha supuesto una pérdida de minutos que una organización no puede recuperar.

  • Establecer planes de respuesta ante emergencias predefinidos. Decidir, antes de que se produzca un incendio, a quién se debe avisar, en qué orden y a través de qué canal.

  • Se deben crear grupos de comunicación con las partes interesadas antes de que se produzca un incidente. Las empresas de servicios públicos, los distritos escolares y las jurisdicciones vecinas deben formar parte ya de una estructura de comunicación común antes de que se detecte el primer foco de incendio.

  • Realiza ejercicios y simulacros de forma periódica. Un plan de comunicación que no se haya probado en situaciones de presión es un plan con puntos de fallo desconocidos.

  • Garantiza la capacidad de comunicación multicanal. Ni todo el personal de campo ni todos los residentes siguen el mismo canal. La redundancia entre SMS, llamadas de voz, aplicaciones móviles y alertas en el ordenador resulta fundamental cuando la infraestructura se ve sometida a una gran carga.

  • Facilitar la coordinación entre los socios de los sectores público y privado. Las empresas de servicios públicos, las autoridades de transporte y los operadores privados de infraestructuras deben formar parte de la misma estructura de comunicación que los servicios de emergencia del Gobierno, y no de una estructura independiente.

La detección crea la oportunidad; la comunicación da lugar al resultado.

La tecnología de Wildfire seguirá mejorando. La detección será cada vez más temprana, los modelos serán cada vez más precisos y los datos se transmitirán con mayor rapidez. Esos avances son importantes, pero solo cobran sentido cuando las organizaciones son capaces de convertirlos en decisiones oportunas, acciones coordinadas y una comunicación clara.

Las organizaciones mejor preparadas para el próximo incendio forestal no se definirán únicamente por la rapidez con la que detecten una amenaza. Se definirán por la rapidez con la que lleguen a las personas que necesitan estar informadas, coordinen a las organizaciones que deben intervenir y mantengan el flujo de información a medida que cambian las circunstancias. La alerta temprana crea la oportunidad. La comunicación convierte esa oportunidad en resiliencia.

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