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Lograr la soberanía en materia de comunicaciones
El camino más corto hacia unas comunicaciones seguras y soberanas
Todo gobierno tiene razón al exigir un control total sobre sus comunicaciones. Hay dos vías para conseguir ese control. Una consiste en crear una nueva plataforma a nivel interno, lo que supone un coste que se mide en años y recursos. La otra vía consiste en implementar una solución diseñada específicamente para esta misión, soberana, certificada y lista para su uso en el terreno.
Los dos caminos
El coste de conseguir el control total depende de la vía que elijas
¿Construir o no construir? Ambos caminos conducen a la soberanía. Solo uno permite a los responsables políticos hacerla realidad ahora mismo.
Crea el tuyo propio
El Estado crea o adapta una plataforma y se encarga él mismo de su gestión. Muchos servicios de mensajería nacionales que están actualmente en funcionamiento siguen este camino, normalmente a partir de una bifurcación de una base de código abierto. El Gobierno es el propietario de la plataforma —y de todo lo que se deriva de ella, desde su puesta en marcha en adelante—.
Sovereign Commercial Off-the-Shelf (COTS)
El Estado implementa software comercial certificado y listo para su uso en el terreno siguiendo exclusivamente sus propias condiciones: en infraestructura nacional, con claves en poder del Gobierno y de nadie más, aprobado por su propia autoridad nacional y gestionado dentro del país. El Gobierno mantiene el control. El proveedor se encarga del mantenimiento.
Tener un control total sobre la seguridad de las comunicaciones nacionales no es un objetivo de futuro, sino una necesidad actual. Crear una nueva capacidad a nivel interno supone años de desarrollo, pruebas y riesgos. Implantar hoy mismo una solución certificada y soberana elimina por completo esos riesgos.
Lo que implica crear tus propias exigencias
Poner en marcha una plataforma es un proyecto. Gestionarla es una función permanente del Gobierno.
Casi ninguno de los sistemas de mensajería nacionales actualmente en servicio se ha creado desde cero. La mayoría son bifurcaciones de una base común de código abierto, lo que significa que cada gobierno hereda de forma permanente todo lo que se desarrolla a partir de ella.
Aplicación de parches y seguimiento de cambios en el código original
Cada fallo detectado en el código de origen debe aplicarse, probarse y volver a implementarse, según el calendario del proyecto de origen, no el del Gobierno.
Recertificación
La homologación nacional está vinculada a una versión concreta. Cada cambio sustancial hace que la plataforma vuelva a someterse a un proceso de evaluación, que se financia y programa cada vez.
Hoja de ruta y responsabilidad
Equilibrio en las funcionalidades a medida que cambian las plataformas y los protocolos, y asumir plenamente la responsabilidad de las consecuencias, de forma pública, cuando algo sale mal.
Operaciones las 24 horas del día
Un servicio permanente de supervisión y respuesta, siempre activo. Los adversarios no se ciñen a un horario de oficina y un equipo de proyecto se disuelve tras la entrega.
Talento especializado
Conocimientos especializados en criptografía, operaciones seguras y certificación, que se mantienen dentro de la empresa y por los que se compite con el sector privado, que ofrece mejores salarios.
Más allá de la mensajería
Los mensajes representan un tercio de lo que garantiza la seguridad de una comunicación
Una plataforma creada por el Gobierno resuelve el problema de la mensajería. La protección del dispositivo en el que se desarrolla la conversación y la coordinación de las acciones entre organismos que no comparten una misma cadena de mando son, cada una de ellas, un proyecto independiente, con su propia certificación y sus propias cargas operativas.
Capa de mensajería
Lo que ofrece una plataforma nacional de mensajería. Las comunicaciones cifradas y federadas resuelven el problema de la conversación en sí misma, que es la capa por la que parte todo programa nacional y en la que se detienen la mayoría de las demostraciones. Se trata de un avance real y, además, es el menor de los tres problemas que un gobierno tiene que resolver realmente.
Capa de dispositivos
Su propia certificación, su propia implementación. El dispositivo que aloja la conversación segura necesita su propio sistema operativo reforzado, su propia gestión de dispositivos móviles y su propio proceso de evaluación nacional. Nada de eso se hereda de la capa de mensajería. Una aplicación de chat segura en un teléfono no gestionado es como una puerta cerrada con llave en un edificio abierto.
Capa de coordinación
Interinstitucional, sin una cadena de mando común. Las misiones reales abarcan organismos, servicios y socios aliados que no dependen de la misma autoridad y que no pueden integrarse en la misma plataforma por decreto. Esa capa de coordinación —alertas, notificaciones masivas, interoperabilidad entre organizaciones— requiere una implementación independiente con su propia certificación, y es la capa a la que la mayoría de los programas de desarrollo propio nunca llegan.
Una plataforma desarrollada por cuenta propia que abarca las tres capas implica repetir ese mismo esfuerzo de desarrollo dos veces más: una para el dispositivo y otra para la coordinación. El coste real de hacerlo por cuenta propia no es una sola implementación, sino tres.
La diferencia que lo decide todo
La soberanía es control, no autoría. Las claves las conserva el Gobierno. El sistema funciona dentro del país. La autorización la concede la propia autoridad nacional del Gobierno. Lo que recae en el proveedor es la carga, no el control.
Un gobierno puede redactar cada línea de un programa informático y, aun así, depender de un proveedor extranjero para sus parches de seguridad. Y un gobierno puede implementar software comercial sin dejar de controlar todos los puntos clave, siempre que la arquitectura esté diseñada para ello.
ANTES DE COMPROMETERTE
Preguntas que conviene plantear, independientemente de la opción elegida, a cualquier proveedor
Ninguna de estas preguntas requiere que un proveedor te dé una respuesta. Permiten evaluar ambas opciones por igual y ofrecen una visión concreta de la situación a diez años vista antes de tomar una decisión.
¿En qué deberíamos centrar nuestra atención?
1. ¿Cuál es el coste total a diez años vista —incluidos los parches, las operaciones, la recertificación y el personal especializado—, y no solo el de la construcción inicial?
2. ¿Quién financia la recertificación tras cada lanzamiento de material y con qué frecuencia se lleva a cabo?
3. ¿Qué recursos consume una plataforma desarrollada internamente que el resto de la misión de seguridad nacional no pueda utilizar?
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COTS de Sovereign, certificados hoy mismo
Construirlo tú mismo no te da más control
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